La firma fabricante prevé renovar cada año 60 de las 3.300 plataformas que flotan en Galicia. Los artefactos de aluminio pesan 60 toneladas y tienen un sistema de aire para hundirse y emerger
La nueva batea sumergible, fabricada por una empresa gallega y bautizada como Extrumar I, garantiza, por su disposición espacial -sustentada por pasillos de viguetas de aluminio-, una mayor tasa de engorde y de calidad de los cultivos, que pueden ser mejillón u ostras, según sostiene el gerente de la firma constructora, Andrés Quintá.
La mejor circulación del agua de mar en toda su estructura (mide 27 metros de largo por 20 de ancho y llega a pesar hasta 60 toneladas) y la neutralización del embate del oleaje sobre los bivalvos -al estar sumergida hasta siete metros por debajo de la superficie-, explicarían este fenómeno biológico.
La principal característica del nuevo artefacto, es decir, su posibilidad de hundirse y emerger a voluntad del propietario -que puede hacerlo incluso desde tierra mediante un teléfono móvil- es, precisamente, lo que permite a sus diseñadores decir que la miticultura gallega podría entrar de lleno en una nueva dimensión si emplean una de estos artefactos. La facilidad de su manejo y limpieza y el menor grado de polución, completan la tarjeta de presentación de este diseño, que rivaliza con la batea redonda con la que Corelsa ha irrumpido en el mercado. Aunque no se ha concretado el precio de cada plataforma sumergible, Quintá, que prevé vender unas 60 unidades al año, argumenta que «es una mejillonera superior a las actuales, que ahorra mano de obra porque está prácticamente automatizada, tiene una garantía de diez años, apenas precisa mantenimiento y las operaciones de descarga pueden hacerse mecánicamente y con más seguridad».
El artefacto baja y sube a la superficie por un sistema de aire similar al de los submarinos, que se opera a voluntad. Puede trabajar en zonas tranquilas y en las rías de aguas más bravas al evitar las corrientes de las superficie. Las dos boyas de superficie que señalizan su ubicación son suficientes para permitir que por encima pueden navegar buques de pequeño y medio porte. Otro punto a favor es que llega la misma comida a las zonas de la periferia que a las del interior y, además, no incluye materiales contaminantes, como alquitrán o brea. Aunque no venga en el catálogo de ventajas, no es menos cierto que los amigos de lo ajeno nada tienen que hacer con un sistema como éste.